Mike Helprin, durante mucho tiempo decano de los forenses de Nueva York, solía contar la historia de un joven irlandés al que unos testigos habían visto en el extremo de un andén del metro. De repente, se tiró en silencio delante de un tren que llegaba a la estación. Apareció muerto bajo las ruedas, terriblemente destrozado. Pero su familia era católica y no estaba dispuesta a aceptar la conclusión inicial de suicidio. Estaban seguros de que su hijo no tenía motivo alguno para suicidarse, y al final resultó que tenían razón. Helprin volvió a examinar el cadáver y observó diminutas quemaduras en el pulgar izquierdo, en el índice y en la punta del pene. Pudo tranquilizar a la familia asegurándoles que su hijo había muerto por accidente. El joven estaba orinando sobre las vías del metro, y el chorro alcanzó accidentalmente el tercer raíl. El arco de orina, rico en sales que favorecen la conducción, se convirtió enseguida en un arco de electricidad letal. El muchacho murió probablemente antes de golpearse contra las vías.   

En este video podemos ver  aun tipo que esta menado en pleno pasillo del metro.