El metro

 

Empiezo a sentir un calor bochornoso que invade todo mi cuerpo, el calor combinado con el ambiente aglomerado de un sinfín de olores fétidos, hace de mi despertar, una pesadez sin sueños, transmitiéndome una sensación de estar en el mismo infierno.

Me encuentro en el centro del vagón rodeado de una multitud que jamás había visto en mi vida, todas las miradas perdidas, tratando de evitar el encontrarse de frente; toda la gente con caras de amargura, desesperación, preocupación. ¡Este vagón es una olla de sentimientos negativos! Empiezo por reconocer en que estación me encuentro, deseando que el metro se dirigiera directamente a Indios Verdes y no hacer paradas en las demás estaciones.

Zapata, les apuesto que este personaje jamás imagino formar parte del vehículo naranja que viaja silenciosamente por debajo del asfalto. Mucha gente sube, pocas bajan, el metro se va llenando más y más, los ambientes se empiezan a acalorar. Una pareja cerca de mi es observada por todos, el motivo, emisión de sonidos extraños, bocas abiertas, salivas fluyendo, algunas miradas de la gente con un tono de envidia, otras más con indiferencia; algo que rompe la monotonía del apretamiento corporal.

Todavía con algo de somnolencia, llegamos a la correspondencia con línea 9, Centro Médico, parece chistoso, al abrirse las puertas del gran gusano naranja, su interior se ve invadido de sujetos de color blanco, más apretujones, la gente se desespera, todos tratan de entrar, como si fuera el último tren de la noche.

En fin, todos nos acostumbramos a este estilo de vida, un estilo muy acelerado, siempre con problemas; todos decimos: Ahhh! Como quisiera salir de esta pinche ciudad y olvidarme de todos mis problemas. Pero sabes que eso no se puede, estamos eternamente amarrados a este lugar de sacrificios, es nuestra jaula que nosotros mismos creamos, una tumba de metal y cemento.

Todo queda en la oscuridad, todo se detiene, aumenta la desesperación, ventaja para mi que vengo sentado, evitos los carteristas, los putos que intentan manosearte en un descuido. El tiempo parece detenerse por un rato, todos nos encontramos en silencio, esperando que este maldito vehículo nos saque de la incertidumbre en que nos encontramos. Es un problema el estar rodeado de gente, pero aun así te sigues sintiendo sólo…

Todo vuelve a la normalidad, el metro avanza, me encuentro en Hidalgo. Lo pero… Aquí espero lo peor, como fregados va a caber toda la gente que se encuentra en el andén; se vuelven a abrir las puertas.

Un total desmadre… quítate… dejen salir… no estorben… aquí bajo!!!

Lugar de desesperación, algente ya no puede entrar y sigue empujando, yo me mantengo sentado en silencio. Calor, aumenta el calor.

Ya mero llego, ya quiero salir de aquí!!! Una señora desfigurada por su gordura, se coloca enfrente de mi, olor fétido, mujer asquerosa, como la mayoría de la gente que me rodea.

Bueno yo creo que todo lo malo ya pasó, el metro lleno hasta el tope, el calor que emana de los cuerpos eleva más la temperatura del ambiente, ¿qué más puede suceder?, que en la próxima estación un ser sin razón de vivir se arroje a las vías para ser totalmente desmembrado por la maquinaria anaranjada.

¡Eso si sería una catástrofe, bajo estas circunstancias!

Por fin llegué a Indios Verdes, y nadie se interpuso en el camino del metro, no pasó ninguna catástrofe más…

Todos salimos como manadas de antílopes perseguidas por feroces leones.

Desesperados por llegar al respectivo micro y enfilarte (ahora si) rumbo a tu casa.

Salgo sin saber que horas son, que momento estoy viviendo, todas las personas que me rodean siguen siendo desconocidas para mi, todo es un caos: gente, autos, humo por doquier.

Y yo formo parte de ello me muevo con la gente, viajo en aquellos autos y me sumerjo en el humo que cubre nuestra ciudad, desaparecer y perderme…

…Sigo esperando el regreso a casa… smog, smog, smog…

Gonzalo Sergio Escobar Segura